La Cerveza, La Opinión de Rafa

WE WANT BEER: The Stuyck Co, la cerveza artesanal y su hombre de la pancarta

we want beer cerveza artesanal thestuyckco hombre pancarta
Manifestación en New Jersey (EEUU) pidiendo la abolición de la ley Volstead, la de la ley seca. 1931

En nuestro logo, junto a nuestro nombre The Stuyck Co, hay un hombrecito anónimo que camina con una pancarta. Nos inspiramos en una famosa foto de 1931 de una manifestación en New Jersey (EEUU) contra la ley Volstead, la de la ley seca, pidiendo su abolición.

En The Stuyck Co. nos identificamos con la imagen de ese hombrecito, el segundo por la derecha, pequeño pero comprometido como nosotros, que como tantos otros a lo largo de la historia alzaron una pancarta para decir que otro mundo podría ser posible. El de la cerveza y todos los demás

Una pancarta es un grito. Un medio social. Una pancarta es para los otros. Nadie levanta una pancarta en su casa.

Se suele hacer para pedir algo, para exigir, para quejarse, para animar, para afirmar, para negar. Para expresar lo que deseamos. Para alzar la voz y que nos escuchen.

Hay otras pancartas que llaman al odio, a la revancha. Que esgrimen insultos o improperios.

Esas pancartas no son las nuestras.

Los hombres de las pancartas se arriesgan. A ser incomprendidos, insultados, detenidos. Asumen riesgos porque creen que es su obligación, y la de todos, contribuir a mejorar lo común.

A lo largo de la historia muchos avances sociales, de derechos, de justicia han sido precedidos de personas con pancartas que en muchos casos arriesgaron su libertad, su sustento y su vida antes de ser aceptados. Todos nos beneficiamos de su compromiso y de su coraje.

Gentes alzando pancartas que se sintieron en la obligación de decir no, esto no debe de ser así, esto debe cambiar, ser de otra manera.

Que nos recordaban nuestras raíces y nos alertaban de su pérdida. ¡Eh, mira, escúchame, esto te incumbe -nos dicen- ese camino no era el que querías!

Recordar nuestras raíces, de dónde venimos, a dónde queríamos llegar para llegar a ser lo mejor de nosotros.

Cada tiempo necesita de hombres radicales que nos recuerden lo que nos sujeta, alimenta y construye. Gentes caminando con pancartas para recordarnos lo que queríamos ser.

Nuestra pancarta está vacía. Para que cada uno escriba en ella lo que sea que quiera que los otros escuchen. Cosas serias o cosas divertidas. Cosas trascendentes o cosas banales. Da igual. Lo que importa es querer participar en la vida en común de todos. Esa es la gente para las que hacemos las cosas. Gentes como nosotros.

En 1931 hubo gente que pedía que una ley puritana y perjudicial, que nadie quería, fuese abolida. Y así fué dos años después. We Want Beer, decían. Pedían cerveza pero pedían libertad. Con una sonrisa, claro, ¿cómo si no, si se trataba de cerveza? Otras veces fueron cosas más serias, pero en el fondo es lo mismo, decir en voz alta y juntos, lo que creemos que puede hacer el mundo mejor.

La cerveza artesanal, la artesanía en general, trata de preservar ciertas cosas que tienen que ver con una vida a escala más humana. En Stuyck, en un mundo que a pesar del formidable avance en las comunicaciones se nos hace difícil de abarcar, queremos crear un rincón donde pararse para recordar que el tiempo de saborear el aroma y las propiedades de una buena cerveza, hecha como antes de que nos acelerásemos, es el tipo de tiempo que nos hace felices.

The Stuyck Company. Otro mundo es posible.