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¿Cómo se cata una cerveza?

cata de cerveza artesanal

Venga, vamos a darle una vuelta a esto. Pero literal. Empecemos la casa por el tejado; ¿cómo NO se cata una cerveza artesanal?

– No lo hagas con exceso de solemnidad. La craft beer es una cosa muy seria como para abordarla sin una sonrisa. Es, nada más y nada menos, que un elemento vehicular para integrar amistosas reuniones o placeres individuales.

– No abordes una cata desde la competición: anulará tus sentidos y tu sensibilidad, la social y la de las papilas gustativas. Es un ejercicio lúdico, no un sometimiento a un tribunal recio comandado por un excéntrico científico entre matraces, que dará como ganador al empollón de turno. Be beer, my friend. Fluye con la cerveza.

– No entres en pánico si no aprecias todos los matices que el Shensei cervecero te traslade. Es cuestión de tiempo, paciencia, entrenamiento, y sobre todo, para solaz del catador, capacidad de dejarse llevar en el deleite permanente que supone la aproximación a una buena cerveza.

– No proyectes al 100% modelos de cata de otros líquidos preciados. Ni los taninos son primos del lúpulo, ni trabajarás con la materia prima en bruto (como el grano de café). La belleza aromática y gustativa es universal, pero aprecia los matices específicos.

– No cates con desenfreno. Sí, ya sabemos que algunas cervezas, de deliciosas que son, están como para emular a Elvis y su fuente en Graceland llena de refresco. Pero moderación, se trata de descifrar arcanos del regocijo, por pequeños que sean, y no bañarse industrialmente en un mar donde los contrastes quedan difuminados.

– No te atiborres de comida durante la cata. No, las catas no quieren a Carpantas famélicos, pero si ese puntito de hambre que hará que tus sentidos, retenidos temporalmente, se destapen con sólo acercar la cerveza a tu nariz.

– No te aferres a un sólo vaso cual guiri en Pachá a las 5 de la mañana. Cada cerveza requiere dos recipientes: uno, para valorar cualidades cromáticas y características de la espuma tras el servicio, y el otro, con un tirado suave hasta la mitad, para concentrarse propiamente en las condiciones aromáticas y gustativas.

Conociendo las líneas rojas, sólo te queda adentrarte en la gama de sensaciones que cada cerveza aporta.

Por la vista, observando sus tonos, colores, e intensidad, que ríete de resoluciones pantalla 4k.

Por la nariz, desentrañando aromas  y su conexión con los ingredientes primarios, desde la diversidad de los lúpulos, pasando por la presencia de evocaciones a especias o frutas por el correspondiente grado de fermentación, hasta el alcohol, hip, hip, hurra, a veces inexistente, a veces contundente.

Por la boca, combinando pertinentemente los dos vasos de cata con ese robot inteligente detecta-sabores que es tu lengua: el primero de los vasos, para animar a las papilas gustativas a despertar de su letargo, y el segundo, para ponerlas a trabajar a destajo en la identificación de las distintas notas de sabor. Ahí descubrirás la epítome, el preludio y epígono de la cata de una cerveza, experimentando contrastes entre dulces y amargos, el enfrentamiento amistoso entre frutas, hierbas, especias pesadas,…

Disfruta la cata, entrégate a cada cerveza, afina con tus sentidos su silueta, desentraña su final.

No es fácil. Es maravilloso.