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La curiosa historia de la cerveza IPA

Craft beer Madrid
Cerveza artesanal Madrid
¿Os habéis preguntado alguna vez porque una IPA resulta particularmente más amarga que otras cervezas artesanas?  Dejadnos que os contemos una curiosa historia.

Hasta un reloj parado da dos veces al día la hora exacta.

Vamos, que incluso en los escenarios más adversos, algo puede funcionar a la perfección. Como es el caso de la cerveza IPA (India Pale Ale).

Puedes dejar que los obstáculos pasen por encima de tus proyectos, que alteren tu realidad, o hacerlos frente con energía. Y en esa bifurcación, George Hodgson, cervecero de la Bow Brewery, tomó el camino optimista, el del “come on, let´s go” o tirar “pa´lante” en su acepción más castiza.  Y acertó. Boom.

¡Choca esos cinco, George!

Te vamos a contar la intrahistoria de este hombre con vista, y mejor pituitaria.

A finales del siglo XVIII el Imperio Británico había expandido sus fronteras por todo el orbe, con especial presencia en el sudeste asiático. Y hete ahí que, entre marajás, princesas de cuento, parias y otras castas, la comunidad británica demandaba de la City litros y litros de craft beer. Al servicio de su graciosa Majestad en las Indias orientales, pero que la birra no faltase, for God sake.

Desgraciadamente, el largo y tortuoso camino desde los muelles londinenses hasta los puertos indios, agriaba (literalmente) el viaje a la cerveza artesana. Habría que esperar todavía décadas a la llegada de los procesos en origen de pasteurización o refrigeración, así que, o aparecía un gurú del lúpulo dando solución científica al problema, o los expatriados británicos tendrían que seguir tirando de una cerveza absolutamente fuera de punto. Y no sólo de té con una nube de leche vive el hombre, Milady.

Hodgson, como todo buen cervecero, además de tener fino paladar milimétrico, era un alquimista en potencia, y acudió a la ciencia para hallar respuesta al dilema. Concretamente, la solución la albergaban dos elementos esenciales que están siempre en toda cerveza: el lúpulo y el alcohol. El lúpulo genera un escenario tan extremadamente duro a los microbios que acaba siendo un infierno-no-siento-las-piernas para ellos.

Y en esas estamos cuando se suma el alcohol al sarao, formando una dupla letal. El alcohol es un enemigo nato de las bacterias. Antiséptica y antibacteriana, para que luego diga el advenedizo de turno que nuestra querida cerveza no tiene propiedades supercalifragilisticoespialidosas.

Ni corto ni perezoso, nuestro querido Hodgson tomó la recatada Pale Ale original de sus barriles, añadiendo lúpulo con características preservantes.  Una tasa tan alta de lúpulo provoca un mayor amargor, amargor que, debido precisamente a las condiciones de elevada temperatura en la India, mitiga poderosamente la sed.

El resultado, una potente pálida, aromática y amarga. Habemus India Pale Ale, let´s have a party!

Dos conclusiones esenciales podemos extraer del ingenio creativo de Hodgosn:

1) El tránsito de miles de kilómetros de la cerveza por un carrusel climatológico ya no arruinaría el placer cervecero de los británicos esperando ávidos la mercancía. La potente IPA no se veía afectada por los vaivenes meteorológicos, llegando en perfecto estado de revista para la tropa de su Majestad.

2º) La segunda conclusión es que no es bueno saltarse las clases de química en el instituto ojeando la Superpop de turno, hombres y mujeres de Letras. Miren el provecho que le sacó Hodgson, y de paso, los millones de IPA fans.

Con ella empezó todo: miles de barriles de la India Pale Ale llegaron en los años sucesivos a la India, y las factorías de copias (con mayor o menor acierto) surgían como esporas en todos los dominios británicos Orientales. Y ahí ha seguido, amplificando su leyenda hasta la fecha, con más de 1500 cervecerías produciendo variaciones comerciales por todo el mundo, especialmente en Estados Unidos y Brasil.

Una delicia ámbar que sabe a historia. Rule Britannia, rule India Pale Ale!